Prólogo
Narrador: Shou –Alice Nine-
¿Por qué la felicidad siempre llega junto con la tristeza?
Mirar el manto nocturno ya no es lo mismo. Cada una de las estrellas no logra tornarse cálida a mí alrededor como en aquel entonces, y mientras las veo tan lejanas, tan distantes, tan superficiales… porque lo parecen ¿y sabes por qué?
Es sencillo, tú ya no estás.
Recuerdo que sonreías tan ingenua y calidamente, haciendo parecer que el mundo es tan bello, siendo que él únicamente produce miedo en mí. Que contigo a mi lado nada podía pasar… que ya era todo demasiado importante.
Pienso que debe ser por eso, que tú ya no estás… que ellas dejaron de trasmitir también calidez, extrañan que las veas…
En este mismo lugar…
Con ese mismo mirar…
Brillando más que ellas…
Cuando mires el cielo, piensa en mí y ahí estaré ¿vale?
Pero… mamá dice que en el cielo sólo hay estrellas y nubes
No seas tontito, porque mientras yo esté mirando el cielo y tú lo hagas, esas estrellas brillaran y así yo sabré que me ves y tú a mí
Ahh… no entiendo, pero se escucha bonito y lo haré
Hahaha… ok, entonces, ¡¿promesa?!
¡Promesa!
Siempre tan animado y alegre, que simplemente las opacabas… y yo sentía que podía alumbrar de la misma manera… a tu lado, junto a ti.
No sabes lo opacado y solo que me siento sin ti; sin que me mires o me consueles con bobadas que luego me hacían olvidar de todo y sonreír.
¿Me estarás mirando?
¿Pero por qué no has vuelto?
¿Qué te ha pasado?
¿Es por qué soy poca cosa para ti?
Quizás te diste cuenta que no te merezco y preferiste buscar a una mejor persona con quien pasar mejores momentos ¿No es cierto?
Alguien que sea persistente, que sepa valerse por sí solo y no dependa de ti, que deslumbre de la misma manera que tú lo haces, para que no llore a cada momento en que se sienta triste, y ahogado por cualquier cosa; o simplemente, alguien que no sea tan crédulo y siga creyendo que la luna está hecha de queso al igual que un niño.
¿Dónde estás?
¿Estarás pensando en mí?
¿En qué “algo” falta?
Ahora, que miro al cielo y parece querer regalarme una oportunidad, rezo porque esa estrella te traiga de vuelta y pueda sentirte otra vez.
“Querida estrella has que él vuelva, por favor”
Capaz mañana nos podamos volver a ver, o quizás… algún día.
{…}
El sol se ha vuelto a colar por mi ventana y apenas logro distinguir, que como otras veces, he vuelto a quedarme dormido en el marco de la ventana, viendo el cielo. Sintiendo como cada parte de mi cuerpo duele, adormecida por la posición en que quedé.
Me levanto y casi cojeando llego al baño, donde abro el grifo y dejo que el agua fluya para lavarme la cara.
- Moun~
- Chirori, buenos días. –Saludo, al ver como mi gato ha llegado donde estoy y parece mimoso al ondular en mis piernas. Lo tomo en brazos y camino hacia mi cama, dándole pequeñas caricias en la espalda. –Hoy estás de muy buen humor…
- Mounrrr….
- ¿Pero qué horas serán? –Busco el reloj de pared con la mirada y doy con él, haciendo que me sorprenda. –Vaya, es temprano, pero no tengo sueño. –Bajo a Chirori de mis piernas. –Bueno, habrá que desayunar ¿no?
- Miauu…
Sonrío por lo tierna y dulce que puede resultar mi mascota, que ha sido como mi amiga ¿sabes?
Mientras preparaba el desayuno, aún recordaba la noche anterior y como este sentimiento no cambia ni un día, aunque sonría ya no es lo mismo…
Únicamente quiero verte y que esto deje de doler.
- ¡¡Cuidado Shou!!
- ¡Wuaaaaa!
- Hahaha, se nota que eres un tipo despistado… ahora apestas a caca de gaviota.
Mis mejillas se hunden en el color rojizo de la vergüenza y he meditado que por más que intente alejarme de la ventana, nunca podré dejar de pasar a abrirla mientras pienso en ti y caigo en la trampa de la gaviota y, como siempre, Tora-san se burla de mí.
- No es chistoso…
- No pongas esa cara y ve a limpiarte.
- ¿Cómo entraste a mi casa Tora-san? –Pasando una servilleta en mi pelo, mientras camino al baño. ¡Huelo fatal!
- Recuerda que tengo una llave de repuesto, así que déjate de preguntas idiotas. Que si no es por mí, quien te cuida de ti mismo.
- Muy gracioso Tora-san ¡No digas eso!
- Ok, ok, sólo ve a sacarte esa mierda del pelo, mientras preparo algo. –Yendo a la cocina.
- Hai.
Después de la travesía de quitarme el olor y caca de pájaro de mi cabello, así como también que él comiese algo, partimos ambos a nuestro trabajo. Como siempre Tora-san me pedía que al menos intentase mantener mi trabajo por más tiempo, al ser algo torpe y nunca hacer las cosas bien.
- Ahora debo irme, no me dejes mal por favor, Shou.
- Hai. –Me despido de él, mientras entro al local que será mi nuevo trabajo y parece abandonado a estas horas del día. -¿Hay alguien ahí? –Esto me esta empezando a dar miedo. Al entrar sólo veo sillas arriba de las mesas de madera, una barra y copas como botellas de alcohol de todo tipo decorando la repisa con espejo que brilla tenuemente ante la oscuridad.
- Tú debes ser el nuevo ¿no?
- Ho-hola… Kazamasa Kohara, a su disposición. –Hago reverencia y veo que me encuentro con un chico casi de mi edad, pero más mayor y de cabellos negros.
- Mm… Mucho gusto, pero ¿tú apodo? –Le miro incrédulo, mientras parecía muy pensativo y serio.
- Shou, me dicen Shou.
- Entonces sí eres la persona que me aconsejó Tora. ¿No vino contigo? –Sonriéndome, haciéndome sentir un poco aliviado y menos nervioso.
- ¡Hai, hai! Pero se ha ido a su trabajo… ¡Espero no causarle problema!.. Eh…
- Llámame Aoi. No me gusta tratar con mis trabajadores o amigos por el nombre o apellido ¿Ok Shou-kun?
- ¡Sí, señor! –Digo alegremente, hasta que empieza a explicarme lo que debo hacer, notando que es una buena persona, pero serio en lo que respecta al trabajo. Si bien, tuve que hacer amago en no hacer notar mi miedo hacia mi nuevo jefe, al contarme que trabajaría como mesero en el bar en las noches y más con tipos que se te pueden insinuar. ¿En qué pensaba Tora-san?
“Enfrentar los miedos hace el carácter.”
Esa palabra llegó a mi mente con su voz y me avergoncé por mi poca tenacidad, así que luego de que me preguntara Aoi-san si aceptaba o no, respondí que sí, aunque por dentro aún dudaba.
Empecé a trabajar ese día y como uno de los trabajadores aún no llegaba, me pidió si podía ir a comprar algunas cosas de limpieza y acepté.
Ese día era tranquilo y tenía una suerte de encontrar alguien amable y responsable como jefe, que no imaginé que iría a tener más sorpresas ese día…
- ¡Arriba!
- ¿Eh?
- ¡Cuidado con la pelota!
- ¿Qué…?
Sin comprender nada mientras caminaba junto a la orilla del mar, de un momento a otro algo golpeó en mi cabeza y vi todo negro, al poco tiempo desperté, encontrándome con unos ojos delante de mí, posados preocupadamente.
- Mi-mi… -Tartamudeé las primeras letras de tú nombre, pero me detuve a tiempo, al dar cuenta que los colores y formas empezaban a tener sentido y quien me observaba era un extraño y no tú.
- ¿Te encuentras bien? La pelota no es dura, aún así… ¡Lo siento mucho!
- Yo… -La verdad la vergüenza me invadía y apenas pude decir nada, si bien, al darme cuenta cómo era la persona que ahora me pedía disculpa, su sonrisa me invadió y no sé por qué me recordó a ti cuando éramos niños: reconfortándome calidamente en mi interior. –no tienes que disculparte conmigo, estoy bien.
- En serio, creí que te había pasado algo malo… - no sé qué me llamaba la atención de él, pero no aguante reír bajito por la mueca que puso.
- ¡¡Hiroto-gay vas a dejar de ligar o vendrás a jugar!! –Se escuchó una voz a lo lejos, haciendo que ambos nos sonrojáramos.
- Lo siento… -Me dice, para pararse y gritarles. -¡¡No molestes Saga, que apenas te conozco!!¡Y no soy ningún gay, que acá él único eres tú! –Volviendo su mirada a mí y notar que me había levantado del piso. -¿Seguro qué estas bien?
- Sí…-Hablé bajito y asentí. – Mu-muchas gracias por preocuparte por mí. –Y dicho eso, salí corriendo sin rumbo fijo.
No sé cuánto corrí, pero me detuve hasta que mis piernas cedieron y mire hacia atrás, notando cuán lejos había corrido, pero… ¿Por qué lo había hecho?
No me comprendía, ni me entendía, sólo sabía que al ver su dulce miraba me había inundado por completo, y eso… hacía tiempo que no lo sentía ¿qué significa aquello?
Recordé la compra que había hecho y suspiré aliviado al percatarme que al menos no solté la bolsa en todo el trayecto por el momento.
Sin embargo, por alguna razón, algo me decía que lo volvería a ver… y no sólo eso, sino que… fue como volverte a ver y tenerte a mi lado, como si la estrella hubiera cumplido su promesa, aunque no es así…
¿Dónde estarás?
No hay comentarios:
Publicar un comentario